¡BIENVENIDOS!

Blog de 4º de Primaria del CEIP Santa Florentina de La Palma (Cartagena).
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22 abril 2015

U.11, 4º LENGUA, CAMBIOS DE ESTACIÓN

   
  
Unidad 11: Cambios de estación
Web interactivas
Jclic
Campo semántico
 
Verbos terminados en -ger, -gir
Palabras que empiezan por geo- o gest-
 
El verbo (II)
La noticia
 

ROMANCE DE ROSALINDA

(Romance Viejo Anónimo)
A las puertas del palacio
de una señora de bien,
llega un lindo caballero
corriendo a todo correr.

Como el oro es su cabello,
como la nieve su tez;
sus ojos como dos soles
y su voz como la miel.

- Que Dios os guarde, señora.
- Caballero, a vos también.
- Ofrecedme un vaso de agua.
que vengo muerto de sed.
- Tan fresca como la nieve,
caballero, os la daré,
que la cogieron mis hijas
al punto de amanecer.
- ¿ Son hermosas vuestras hijas ?
- Como un sol de Dios las tres.
- Decidme como se llaman
si en ello gusto tenéis.
- La mayor se llama Elena,
y la segunda Isabel,
y la más pequeña de ellas
Rosalinda la nombré.
- Decid a todas que salgan,
que las quiero conocer.
- La mayor y la mediana
al punto aquí las tendréis.
Rosalinda, caballero,
os ruego la perdonéis:
por vergüenza y cobardía
no quiere dejarse ver.
- Lindas son las dos que veo,
lindas son como un clavel,
pero más linda será
la que no se deja ver.

A la puerta del palacio
de la señora de bien,
llegan siete caballeros,
siete semanas después.

- Preguntadme, caballeros,
yo os sabré responder.
- Tres hijas como tres rosas,
nos han dicho que tenéis,
la más pequeña de todas
sin temor nos la entreguéis,
que en los palacios reales
va a casarse con el rey.

ROMANCE DE LA NIÑA ADORMECIDA

(Romance Viejo Anónimo)

La mañana de San Juan
tres horas antes del día,
salíme yo a pasear
por una huerta florida.

En medio de aquella huerta
un alto ciprés había,
el tronco tenía de oro,
las ramas de plata fina.

A la sombra del ciprés
vide sentada a una niña.
mata de pelo tenía
que todo el prado cubría,
con peine de oro en la mano
lo peinaba y lo tejía,
luego que lo hubo peinado
la niña se adormecía.

Ha bajado un ruiseñor
con alegre cantoría,
y posado se ha en el pecho
de la niña adormecida.


ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERA

(Anónimo)

A un capitán sevillano
siete hijas le dio Dios
y tuvo la mala suerte
que ninguno fue varón.

Un día la más pequeña
le cayó la inclinación
de que se fuera a la guerra
vestidita de varón.

- Hija, no vayas, no vayas,
que te van a conocer,
llevas el pelo muy largo
y dirán que eres mujer.

- Padre, si lo llevo largo,
padre, córtemelo usted
que con el pelo cortado
un varón pareceré.

Siete años en la guerra
y nadie la conoció.
Un día al subir al caballo
la espada se le cayó
y en vez de decir maldito,
dijo, ¡maldita sea yo!

El rey que la estaba oyendo
a palacio la llevó;
arreglaron los papeles
y con ella se casó.
Aquí se acaba la historia
de la niña y el varón.


ROMANCE DE LAS TRES CAUTIVAS

(Anónimo)

En el campo moro,
entre las olivas,
allí cautivaron
tres niñas perdidas;
el pícaro moro
que las cautivó
a la reina mora
se las entregó.
- Toma, reina mora,
estas tres cautivas,
para que te valgan,
para que te sirvan.
- ¿Como se llamaban?,
¿Como les decían?
- La mayor Constanza,
la menor Lucia,
y la más chiquita,
la llamaban María.

Constanza amasaba,
Lucia cernía,
y la más chiquita
agua les traía.

Un día en la fuente,
en la fuente fría,
con un pobre viejo,
se halló la más niña.
- ¿Donde vas, buen viejo,
camina, camina?
- Así voy buscando
a mis tres hijitas.
- ¿Como se llamaban?
¿Como les decían?
- La mayor Constanza,
la menor Lucia,
y la más pequeña,
se llama María.
- Usted es mi padre.
- ¡Tú eres mi hija!
- Yo voy a contarlo
a mis hermanitas.
- ¿No sabes, Constanza,
no sabes, Lucía,
que he encontrado a padre
en la fuente fría?
Constanza lloraba,
lloraba Lucía, 
y la más pequeña
de gozo reía.


ROMANCE DE LA CONDESITA

Grandes guerras se publican
en la tierra y en el mar
y al conde Flores le nombran
por Capitán General.

Lloraba la condesita,
no se puede consolar;
acaban de ser casados
y se tienen que apartar.

- ¿ Cuántos días, cuántos meses
piensas estar por allá ?

- Deja los meses, condesa,
por años debes contar,
si a los tres años no vuelvo,
viuda te puedes llamar.

Pasan los tres y los cuatro,
nuevas del conde no hay;
ojos de la condesita
no cesaban de llorar.

Un día, estando a la mesa,
su padre la empieza a hablar:

- Cartas del conde no llegan,
nueva vida tomarás;
condes y duques te piden,
te debes, hija, casar.

- Carta en mi corazón tengo
que don Flores vivo está.
No lo quiera Dios del cielo
que yo me vuelva a casar.
Dame licencia, mi padre,
para el conde ir a buscar.

- La licencia tienes, hija,
mi bendición además.

Se retiró a su aposento,
llora que te llorarás;
se quitó medias de seda,
de lana las fue a calzar;
dejó zapatos de raso,
los puso de cordobán;
un brial de seda verde
que valía una ciudad,
y encima del brial puso
un hábito de sayal;
esportilla de romera
sobre el hombro se echó atrás;
cogió el bordón en la mano
y se fue a peregrinar.

Anduvo siete reinados,
morería y cristiandad;
anduvo por mar y tierra,
no pudo al conde encontrar;
cansada va la romera,
que ya no puede andar más.

Subió a un puerto, miró al valle
un castillo vio asomar:

- Si aquel castillo es de moros,
allí me cautivarán;
mas si es de buenos cristianos,
ellos me han de remediar.

Y bajando unos pinares,
gran vacada fue a encontrar:

- Vaquerito, vaquerito,
te quería preguntar
¿ de quién llevas tantas vacas,
todas de un hierro y señal ?

- Del conde Flores, romera,
que en aquel castillo está.

- Vaquerito, vaquerito,
más te quiero preguntar
del conde Flores tu amo,
¿cómo vive por acá ?

- De la guerra llegó rico;
mañana se va a casar,
ya están muertas las gallinas,
y están amasando el pan;
muchas gentes convidadas,
de lejos llegando van.

- Vaquerito, vaquerito,
por la Santa Trinidad,
por el camino más corto
me has de encaminar allá.

Jornada de todo el día,
en medio la hubo de andar;
llegada frente al castillo,
con don Flores fue a encontrar,
y arriba vio estar la novia
en un alto ventanal.

- Dame limosna buen conde,
por Dios y por caridad.

- ¡ Oh, qué ojos de romera,
en mi vida los vi tal !

- Sí los habrás visto, conde,
si en Sevilla estado has.

- La romera, ¿es de Sevilla ?
¿ Qué se cuenta por allá ?

- Del conde Flores, señor,
poco bien y mucho mal.

Echó la mano al bolsillo,
un real de plata la da.

- Para tan grande señor,
poca limosna es un real.

- Pues pida la romerica,
que lo que pida tendrá.

- Yo pido ese anillo de oro
que en tu dedo chico está.

Abrióse de arriba abajo
el hábito de sayal:

- ¿ No me conoces, buen conde ?
Mira si conocerás
el brial de seda verde
que me diste al desposar.

Al mirarla en aquel traje,
cayóse el conde hacia atrás.
Ni con agua ni con vino
se le puede recordar,
si no es con palabras dulces
que la romera le da.

La novia bajó llorando
al ver al conde mortal
y abrazando a la romera
se lo ha venido a encontrar.

- Malas mañas sacas, conde,
no las podrás olvidar;
que en viendo una buena moza
luego la vas a abrazar.
Mal haya la romerica,
quien la trajo para acá.

- No la maldiga ninguno
que es mi mujer natural.
Con ella vuelvo a mi tierra:
adiós, señores, quedad;
quédese con Dios la novia
vestidita y sin casar;
que los amores primeros
son muy malos de olvidar.

ROMANCE DE LA LOBA PARDA

Estando yo en la mi choza,
pintando la mi cayada,
las cabrillas altas iban
y la luna rebajada;
mal barruntan las ovejas,
no paran en la majada.

Vide venir siete lobos
por una oscura cañada,
venían echando suertes
cuál entrará a la majada;

Le tocó a una loba vieja
patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos
como puntas de navaja.

Dió tres vueltas al redil
y no pudo sacar nada;
a la otra vuelta que dió,
sacó la borrega blanca,
hija de la oveja churra,
nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos
para el Domingo de Pascua.

- ¡Acá mis siete cachorros,
acá perra trujillana,
acá perro el de los hierros,
a correr la loba parda!
Si me cobráis la borrega,
cenaréis leche y hogaza;
y si no me la cobráis,
cenaréis de mi cayada.

Los perros tras de la loba,
las uñas se esmigajaban;
la corrieron siete leguas
por unas tierras aradas.

Al subir un cotarrillo
la loba ya va cansada:
- Tomad perros la borrega
sana y buena como estaba.

- No queremos la borrega
de tu boca alobadada,
que queremos tu pellejo
pa' el pastor una zamarra;
el rabo para correas,
para atacarse las bragas;
de la cabeza un zurrón,
para meter las cucharas;
las tripas para vihuelas,
para que bailen las damas.


ROMANCE DEL PRISIONERO

(Anónimo)
Que por Mayo era por Mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo triste cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuando es de día
ni cuando las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
dele Dios mal galardón.


ROMANCE DE LA LUNA

Federico García Lorca, 1928 
(A Conchita García Lorca )

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando. 



    




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